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Querido Julio,
Jamás te hubieses creído que aquel fatídico accidente del 63 se acabaría transformando en un golpe de suerte. Ese trágico hecho cambió tu vida. Te volcaste de lleno en tu carrera musical hasta llegar a convertirte en la estrella latina más mediática y con más discos vendidos en todo el mundo.
También aquel desafortunado accidente evitó que los merengues que padecen del corazón sufrieran más sobresaltos de los necesarios, porque no se si hubieras estado al nivel de Casillas...
Julio, no tengo ningún disco tuyo (ni lo tendré). Formas parte de los iconos o símbolos que detesto. Entiéndelo, ¿como un tío moderno como yo podría escuchar la misma música que sus padres? Eso nunca o, como mucho, a escondidas. Pero te respeto, porque me pareces un cachondo. Me meo de risa cada vez que te veo en la tele explicando anécdotas o revelando tus líos de faldas. Me pareces un sobrado. Estás en ese punto de la madurez que te permite estar por encima del bien y del mal. O eso creo...
Me pongo en contacto contigo para pedirte que participes en la multiplicación de mi felicidad. Tu donativo lo conseguirá.
Atentamente, |
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